La Palabra dice que Dios creó a Adán y Eva con el propósito de amarse.
Desde mi punto de vista, nosotros, el hombre y la mujer, fuimos creados para comer de la fruta prohibida. Hoy siempre habrán malas decisiones, amarguras y desilusiones, pero el secreto está en aprender de ellas y pase lo que pase, nunca rendirse.
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