lunes, 24 de octubre de 2011

A MI MANERA.

Con el permiso de nuestro profesor de filosofía, me gustaría publicar aquí un texto, digamos "distinto" al resto que tengo en mi blog. Ya que esto va de filosofía, filosofemos pues.
Noche. Una como otra cualquiera.
Tumbada en mi cama, mirando al techo. De fondo, música que como en una película, acompaña a mis pensamientos. Pensamientos que se entrelazan los unos con los otros, y que tú eres la cuerda que los ata, que los une, que les hace nudos que se aferran en mi mente pero que por nada del mundo quiero que se deshagan. Duermo. De repente empiezo a soñar contigo, no es un sueño cualquiera, es un sueño caliente, de esos que después te da vergüenza contarlo con detalles. Pero yo lo contaré. El sueño comenzó diciéndote que íbamos a hacer las cosas a mi manera, cariño. Tú solo tienes que cerrar los ojos y dejarte llevar. Acércate, quiero poner mi mano sobre tu corazón para sentir los latidos. Me acerco más a ti y suben las pulsaciones. Mis labios sobre tu cuello. Aumentan. Un leve soplo te estremece. Siguen aumentando. Beso en la comisura de tu boca. Tu corazón va cada vez más rápido. Suave beso en tus labios. Los nervios se van apoderando poco a poco de ti. Ahora te pido que me dejes besarte, no pido un gran beso, solo es el primero. Vale, túmbate. Desabrocho poco a poco tu camisa, esa camisa tan bonita que te he regalado hace unos días. Deslizo mi dedo sobre la parte desnuda de tu cuerpo. Esta vez, también sube la temperatura. Lo estas haciendo muy bien, no te preocupes que ya queda poco. Pasamos al pantalón. Un botón y una cremallera. Fácil. Los zapatos dificultan la operación. El derecho primero que el izquierdo, sé que tú lo haces así. Ya casi estoy viéndote totalmente desnudo, y esa idea me encanta. Tu cara expresa demasiadas emociones, me gusta. Y ya, por último, déjame tumbarme, ahí a tu lado, y decirte muy flojito que a partir de ahora, lo hagas todo a tu manera. Pasan las horas. Placer. Más rápido, más despacio y a su vez, muchos besos en el intermedio.
Me despierto en plena noche, agitada, con todas las sábanas revueltas; miro la hora en el móvil: las seis de la madrugada. Suspiro, menudo sueñecito. Me río, e intento conciliar pronto el sueño, para que mañana cuando me despierte, te lo cuente y acabemos lo de la noche anterior.

21 DE AGOSTO.

La casa se le viene encima, sabe que es peor estar en cama mirando el techo, ahí no encontrará la respuesta. Se levanta, se va a la ducha con la misma idea en la cabeza, olvidarse de todo aunque ya se ha dado cuenta, después de varias duchas, de que eso no es posible. Sale, se seca, se pone sus mayas y su sudadera. Va corriendo al garaje a cojer los calcetines y las converse blancas. Está saliendo de casa pero se le han olvidado los cascos de su teléfono móvil; sube corriendo las escaleras, las bajas y ya está lista para salir de casa con el repertorio de Maldita Nerea en sus oídos.
Va sin rumbo, no tiene ningún punto de destino ni quiere tenerlo. Va caminando como cual vagabumdo por esas calles tan conocidas. Sigue caminando y el tiempo pasa, cinco minutos.. diez minutos.. siempre cabizbaja hasta que se encuentra con un montón de hojas de color naranja a sus pies, como si el otoño se hubiera adelantado un mes. Sube esa pequeña montaña y se encuentra con aquel banco, de repente la sonrisa producida al ver aquel montón de hojas se desvanece cuando los recuerdos la atacan: todas las risas, los abrazos, las fotos, los besos.. es algo masoquista porque sigue andando y se sienta, se cruza de piernas y sube el volumen del móvil, que en ese momento suena la canción: "Cosas que suenan a.." y piensa, ¡cómo le va al pelo ese tema! Sigue sentada con las piernas en la misma posición mientras mira distraída a la gente que pasa a su alrededor ajena a todo lo que ella esté pensando, sintiendo y sufriendo. Cómo le gustaría que en ese instante apareciese él, sonriendo y diciendo que estaría a su lado siempre; pero pensando eso sólo consigue hundirse más. Tiene que irse, ya ha dejado que los recuerdos la atacaran demasiado. El mismo recorrido a la vuelta.. pero más doloroso aunque nunca podrá llegar a reflejar todo el dolor que siente por dentro.
Irá cada tarde a ese banco, se sentará allí todos los días hasta que él aparezca sonriendo, como a ella siempre le gustó.

HEART OR REASON?

No puedes permitir que eso siga. Pon las cosas sobre una balanza y piensa: él te ha dicho que no estaría ahí cuando más lo necesitaras, que no sería la primera persona en aparecer en cualquier situación mínimamente dolorosa y ese tiempo en silencio cuando le preguntaste si daba la vida por alguien.. dijo demasiado. ¿Realmente crees que vale la pena seguir así? No es por nada, pero cada vez que esta situación se repite, de mi se desprende un pedacito y con éste ya van unos cuantos. Yo no podré aguantar mucho más y si yo fallo, tu te hundes conmigo. Ahora te dejo que pienses porque por supuesto, la última palabra la tienes tú.
Atentamente: el corazón.

Definición de una situación

Después de una noche que pensabas que no se iba a terminar nunca, que conciliar el sueño era algo prácticamente imposible, te levantas, vas como moribunda al baño y te miras al espejo, se nota que no has pasado una muy buena noche que se diga, te mojas la cara con agua fría pero los ojos rojos no se quitan y los pensamientos de la noche anterior todavía aturden. No es suficiente. Abres el grifo de la ducha con agua caliente, te metes. Primero los pies y te sientas. El agua sube poco a poco: espalda, cuello, pómulos.. por un instante estás sumergida completamente y sólo en esos pocos segundos se te pasa por la cabeza todo lo que habías vivido a su lado, ese amor ha dolido y sientes un fuerte pinchazo en el estómago. Llevas más de hora y media en la ducha y aparece la típica persona cortarollos con la que no quieres hablar pidiéndote que salgas que le toca. Aprovechas unos pocos minutos de ese baño donde quedarán todos los recuerdos y se irán nada más quitar el tapón, te levantas resignada, te secas y te vistes, pero, mientras lo haces, te estás viendo en el espejo todo empeñado, está tan opaco como tus recuerdos, tu corazón y cuerpo.
Pasan días, pero poco a poco vas levantando cabeza, intentando tener la mente ocupada en otras cosas que no sean esos dolorosos recuerdos; aparece una persona que te hace sonreír verdaderamente a la cual le estás muy agradecida y sientes un cariño enorme, parece que todo te vuelve a ir bien, pero debe ser el destino que se ríe en tu puta cara y te lo presenta ante ti una vez más.




¿Qué significa? nada más y nada menos aparece para recordarte esa verdad que siempre tuviste presente por muchos tapujos que le pusieras, que nunca se ha ido de tu vida, que siempre estará presente y que será difícil desprenderse de él.
Lloré hasta sentir las lágrimas secarse en mis dedos. Lloré hasta respirar hondo y darme cuenta de que ya nadie me hacía bien. Lloré hasta entender que estaba sola y desprotegida en este lugar. Lloré hasta perder la conciencia y sentirme completamente inútil. Lloré, porque comprendí que nada era capaz de hacerme sentir viva y, hasta a veces, poder arrancarme una sonrisa; nada podía ser tan sorprendente y real al mismo tiempo. Lloré porque sentí tu ausencia, esa que hasta hoy nunca había sentido, y por fin logré darme cuenta de que en realidad, aunque me cueste aceptarlo, no es culpa de nadie ni de nada lo que me sucede. Lloré, porque por primera vez en mi vida me sentí realmente sin apoyo, sin amigos, ni nadie a quien recurrir cuando la soledad corta mis palabras y ahoga mi respiración, gozando una dulce venganza de mis errores y tropiezos. Y fue así como me ví de nuevo en esta habitación tratando de recordarte, recogiendo los pedazos de tu boca, armando de a poco tu risa y sepultando otras voces, para poder entre ellas distinguir tus susurros; y sin querer entenderlo, cuando ninguna de las fichas encajaba, entendí que te había perdido y que además, había olvidado tantos sueños y tantos recuerdos felices. Lloré, porque sólo tenía viejos recuerdos, algunas imágenes borrosas de las que casi no distinguía tu lejana y triste mirada. Lloré hasta verte al lado mío, secando con tanto amor mis lágrimas, tratando de aliviar mi llanto. Lloré, porque de alguna manera me estaba resignando a seguir cada minuto y cada segundo sin tu compañía. Lloré porque creía sentirme fuerte y comprendí que tú me dabas esa fuerza capaz de hacerme sentir el aire rozar con mis labios; lloré porque nunca te diste cuenta de que todo lo que hacía era solamente por tí, porque nunca sentí que mi esfuerzo era suficiente para que te sintieras orgulloso de mí. Lloré, porque vivía cada día sin vivirlo, creyéndome feliz, convenciéndome de que todo lo que hacía estaba bien. Vivía sólo para entregarte miradas, mis energías, mi vida en un segundo y poder sonreír al saber que te quedarías sólo por mí. Y después de eso, volví a entender que cada cosa que hacía era inútil, que a nadie le importaba verdaderamente lo que hacía o dejaba de hacer. Y lloré, para descargar de una vez por todas, todo el dolor que me ocasionaba sentirme tan poca cosa, de pronto me había olvidado de cómo era sentirse orgullosa de una misma, lloré porque te extrañaba y no podía hacer nada para recuperarte. A pesar de mis intentos siempre hay algo que supera mis fuerzas y me derriba haciendo caer una y otra vez de la misma forma, en el mismo lugar, lastimando mi dignidad. Fue así, que al saber que te habías ido perdí todas las ganas de seguir; tal vez me acostumbre demasiado a tenerte cerca y a que me transmitieras cada día un poquito de tu filosofía, porque de cada día hacías una historia diferente. Antes de que llegaras no confiaba en nadie, ni siquiera en mí, y la verdad es que siempre supe que algún día te iba a perder, porque lo bueno nunca dura mucho (al menos para mí) y lloré como tantas otras veces, a escondidas, para no defraudarte. Lloré, porque te necesitaba más que nunca, más que siempre y la noche apenas comenzaba.
Lloré hasta creerme feliz por un instante, hasta que sin motivos empecé a reír sin parar, sin llegar a entender completamente qué estaba haciendo.

PROFUNDIZANDO...

No entiendo, como hay gente que comete los mismos errores constantemente, es cierto que no somos perfectos pero yo considero que debemos proponernos aprender de ellos para no repetirlos. Desde mi punto de vista, opino que todos tenemos que aprender a perdonar para lograr ser perdonados si en alguna ocasión lo necesitamos. Pongo un ejemplo. En el entorno familiar, es dónde se encuentra el núcleo de nuestros problemas, es decir, si una persona crece rodeada de situaciones desesperantes y nada buenas para su buen desarrollo , es muy difícil que llegue a ser buena persona consigo misma y si no lo es así, muchísimo menos llegará a encontrar la comodidad de estar con otra persona por su odio y rencor; en cambio, si tú creces de forma normal en un ambiente bucólico, es más probable que seas una persona que aprende a querer, humilde, honrada y por supuesto, feliz. Y me paro en esta última palabra, para definir y profundizar en la misma.
FELICIDAD, es eso que siento cuando estoy contigo porque con una simple sonrisa alegras mi día más gris. Es ese cosquilleo que siento en el estómago siempre que te acercas a mi con cara de pillo. Son esos ojos azules que repito, con esas preciosas pestañas largas que son para pasarse una eternidad mirándolos. Es la cara de que me encanta cuando te apetezco o me apeteces. Es esa sensación de bienestar que tengo cuando te veo después de un día duro en el instituto. Es el verbo ser en pasado, presente, futuro, gerundio y participio con todas sus variantes. Es la costumbre de estar las veinticuatro horas del día a tu lado y sentirme extraña cuando faltas. Es esbozar una sonrisa cuando me robas un beso, sabiendo que yo estaba esperándolo. O incluso, esa cara que se me pone cuando hablo contigo por teléfono a cada momento, es porque soy feliz. Feliz gracias a ti y a todas esas personas que me rodean, pero sobretodo a ti, por demostrarme poder estar a mi lado en cada situación por muy dolorosa que fuera y en las buenas también, claramente. Y por último, yo me considero fuerte al estar a tu lado, mi vida es estupenda, como sacada de un cuento de hadas. Y esto no significa que no me pasen (cosas), no es que las rosas de mi camino no tengan espinas; lo que ocurre es que no me ahogo en un vaso de agua y estoy dispuesta a comerme el mundo, contigo, porque por supuesto, no voy dejar que éste me coma primero a mi. La cuestión es que me he convertido en una experta en eso de darle la vuelta a la tortilla, en ver el lado positivo de las cosas (gracias a que tú me enseñaras que siempre lo tienen). Y sí, supongo que la vida me trata bastante bien pero, ¿saben?, el caso es que esto es algo recíproco. ¿Acaso alguna vez han dado las gracias por las maravillas que nos ofrece el mundo? No, claro que no, por supuesto que no; eso es lo que toca, las cosas son así. Desde luego... es mucho más fácil quejarse y echar las culpas a alguien cuando algo falla y punto. Que sí, que todos tenemos derecho a caer, que todos nos hemos sentido como una auténtica mierda alguna vez, pero no sólo hay que acudir a los demás cuando las cosas van mal y necesitamos apoyo... también es bonito compartir esos momentos de, repito, FELICIDAD.
No hay nada en ella que sea normal, que carezca de emoción, que no tenga altos y bajos. Estar a su lado es como subirse a una apasionante montaña rusa. Cuando baja, duele y da vértigo. Cuando sube, es absolutamente imparable. Y con el tiempo, no puedo distingir si prefiero las subidas o las bajadas.

martes, 11 de octubre de 2011

¿Qué es "conocer"?

Todos daríamos nuestra opinión pero al fin y al cabo, todos llegamos a la conclusión de que conocer es saber algo sobre algo. Suena raro, pero todos nos entendemos. Y yo quiero plantear unas simples preguntas... ¿qué es lo que realmente conocemos? ¿cuánto lo conocemos? y ¿por qué? Este tema, muy bien elegido por nuestro profesor para debatir en clase, tiene muchos matices de los que podemos hablar abiertamente. Yo, desde este blog y a las 23.53 de este día, quiero expresar mi punto de vista, después de haber "psicoanalizado" a varias personas de mi entorno.
Tenemos que entender que cada uno tiene su forma de pensar y de expresarse, y hay personas que dicen un sí rotundo cuando les preguntas si verdaderamente se conocen a ellos mismos, y es entonces cuando yo me paro a pensar en que, si se conociera completamente, siempre actuaría de la misma forma. Me explico. Los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar muchísimas veces de forma de pensar, de humor.. es decir, somos, en cierto modo, bipolares. Y entonces, retomo el tema, los seres humanos podemos actuar de una forma si nos dicen las cosas en un día normal o actuar de otra si nos lo dicen en uno de nuestros días malos, que no son pocos precisamente. Y todo depende de la forma en la que lo digan también.
Por otro lado, yo puedo decir: "Me llamo Ashley Castro, tengo dos hermanas mayores, papá, mamá con x nombres; me gusta hablar, leer, escribir y llorar como método de desahogo." Pero, ¿realmente soy así? yo creo que no, porque sí, es correcto que me llamo así y que esa es mi familia, aunque si me refiero a mi misma,... muchas veces no hablo, no leo libros porque no me gusta el tema, no escribo porque no encuentro motivación para hacerlo en ese momento y no lloro porque no quiero demostrar que me siento impotente. Esto es lo que hablaba antes de que somos bipolares. No es que esté diciendo que padezco de una personalidad bipolar, simplemente que muchas veces nos sorprendemos a nosotros mismos con nuestros actos. Ya sea porque hubo algo que provocara ese cambio repentino, ya sea porque nos salió así, de adentro y no me pregunten por qué, porque les aseguro que no tengo ni la menor idea de dónde salen todos estos cambios. Tampoco sabemos qué es lo que nos impulsa a actuar de esa forma. Quizá nuestra falta de autocontrol o quizá también, nuestra falta de autosuficiencia. Y sobre este último concepto, me gustaría destacar que la mayor parte de las personas de la faz de la Tierra, necesitamos la aprobación de otra persona para sentirnos mejor. Siempre son mejores los aplausos que el silencio. Siempre es mejor saber que alguien está de tu lado a que alguien está en contra.
Por último, mi consejo después de toda esta reflexión sería decir: "Olvidémonos del mundo que nos rodea, creemos uno propio, donde todo sea sinceridad y seguridad para expresarnos sin temer a las consecuencias. Aprenderemos a conocernos, un poquito más, a nosotros mismos y así poder comprender todo lo que nos rodea en este jodido mundo ajeno."




PD: Hice la página de planetaki, y aquí se las dejo por si sienten la enorme curiosidad de visitarla:
http://www.planetaki.com/mipropiafelicidadvadetrasdemi

lunes, 10 de octubre de 2011

¿Cómo la sociedad de Antropología fundada por Broca sirvió como justificación teórica del racismo?

Después de haber leído las fichas de Antropología que nos ha dado a todos los alumnos nuestro profesor en común, sigo opinando que me parece una soberana gilipollez (perdonen la expresión) distinguir a las personas por su color y muchísimo menos por el peso de su cerebro. Todos somos iguales, nos guste o no nos guste. Blancos, negros, altos, delgados, listos y no tan listos, pero somos iguales. Cada uno quiere desarrollar su nivel mental a su manera, para eso es su vida y su cabeza ¿no? por otro lado, ¿qué tiene que ver el peso del cerebro? si eso fuese cierto, ¿qué pasaría? ¿que las personas que tienen la cabeza más grande, son superdotadas y las que tienen la cabeza pequeñas, subnormales? No, no, no queridos.. Y si vivimos en una sociedad racista ayer, hoy y mañana, ¿por qué todos queremos estar morenos en verano? ¿por qué cada vez que corremos al lado de una persona negra (que físicamente tienen más resistencia) sentimos rabia porque llega a la meta antes que nosotros? No, no es justo. En el momento de abrir esa gran bocaza y soltar esas barbaridades, mejor será que todos y cada una de las personas blancas de este mundo se muerdan la lengua, porque muchas personas negras fueron esclavizadas injustamente, obligadas a trabajar cuando tenían todo lo que querían y gracias a muchos de ellos hoy contamos con unos destacados avances, como por ejemplo: en la era romana, un hombre negro llamado Tiro (nacido hacia el 103 antes de Cristo) fue el inventor de la escritura taquigráfica; Esopo, que vivió en el siglo VI antes de Cristo, también era negro. Hay más queridos, hay más. En medicina, Charles R. Drew fue el pionero en el desarrollo del banco de sangre. En 1940, su trabajo con el plasma y el almacenamiento abrió el camino para el desarrollo de los bancos de sangre en los Estados Unidos. ¿Qué pasa? ¿Esto no se tiene en cuenta? Deberíamos agradecerles muchas cosas. Por último sólo quiero decir que debemos tratar a cada persona como si fuera única, así valoraríamos más las pequeñas cosas.