lunes, 10 de octubre de 2011
¿Cómo la sociedad de Antropología fundada por Broca sirvió como justificación teórica del racismo?
Después de haber leído las fichas de Antropología que nos ha dado a todos los alumnos nuestro profesor en común, sigo opinando que me parece una soberana gilipollez (perdonen la expresión) distinguir a las personas por su color y muchísimo menos por el peso de su cerebro. Todos somos iguales, nos guste o no nos guste. Blancos, negros, altos, delgados, listos y no tan listos, pero somos iguales. Cada uno quiere desarrollar su nivel mental a su manera, para eso es su vida y su cabeza ¿no? por otro lado, ¿qué tiene que ver el peso del cerebro? si eso fuese cierto, ¿qué pasaría? ¿que las personas que tienen la cabeza más grande, son superdotadas y las que tienen la cabeza pequeñas, subnormales? No, no, no queridos.. Y si vivimos en una sociedad racista ayer, hoy y mañana, ¿por qué todos queremos estar morenos en verano? ¿por qué cada vez que corremos al lado de una persona negra (que físicamente tienen más resistencia) sentimos rabia porque llega a la meta antes que nosotros? No, no es justo. En el momento de abrir esa gran bocaza y soltar esas barbaridades, mejor será que todos y cada una de las personas blancas de este mundo se muerdan la lengua, porque muchas personas negras fueron esclavizadas injustamente, obligadas a trabajar cuando tenían todo lo que querían y gracias a muchos de ellos hoy contamos con unos destacados avances, como por ejemplo: en la era romana, un hombre negro llamado Tiro (nacido hacia el 103 antes de Cristo) fue el inventor de la escritura taquigráfica; Esopo, que vivió en el siglo VI antes de Cristo, también era negro. Hay más queridos, hay más. En medicina, Charles R. Drew fue el pionero en el desarrollo del banco de sangre. En 1940, su trabajo con el plasma y el almacenamiento abrió el camino para el desarrollo de los bancos de sangre en los Estados Unidos. ¿Qué pasa? ¿Esto no se tiene en cuenta? Deberíamos agradecerles muchas cosas. Por último sólo quiero decir que debemos tratar a cada persona como si fuera única, así valoraríamos más las pequeñas cosas.
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