Después de una noche que pensabas que no se iba a terminar nunca, que conciliar el sueño era algo prácticamente imposible, te levantas, vas como moribunda al baño y te miras al espejo, se nota que no has pasado una muy buena noche que se diga, te mojas la cara con agua fría pero los ojos rojos no se quitan y los pensamientos de la noche anterior todavía aturden. No es suficiente. Abres el grifo de la ducha con agua caliente, te metes. Primero los pies y te sientas. El agua sube poco a poco: espalda, cuello, pómulos.. por un instante estás sumergida completamente y sólo en esos pocos segundos se te pasa por la cabeza todo lo que habías vivido a su lado, ese amor ha dolido y sientes un fuerte pinchazo en el estómago. Llevas más de hora y media en la ducha y aparece la típica persona cortarollos con la que no quieres hablar pidiéndote que salgas que le toca. Aprovechas unos pocos minutos de ese baño donde quedarán todos los recuerdos y se irán nada más quitar el tapón, te levantas resignada, te secas y te vistes, pero, mientras lo haces, te estás viendo en el espejo todo empeñado, está tan opaco como tus recuerdos, tu corazón y cuerpo.
Pasan días, pero poco a poco vas levantando cabeza, intentando tener la mente ocupada en otras cosas que no sean esos dolorosos recuerdos; aparece una persona que te hace sonreír verdaderamente a la cual le estás muy agradecida y sientes un cariño enorme, parece que todo te vuelve a ir bien, pero debe ser el destino que se ríe en tu puta cara y te lo presenta ante ti una vez más.
¿Qué significa? nada más y nada menos aparece para recordarte esa verdad que siempre tuviste presente por muchos tapujos que le pusieras, que nunca se ha ido de tu vida, que siempre estará presente y que será difícil desprenderse de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario