Noche. Una como otra cualquiera.
Tumbada en mi cama, mirando al techo. De fondo, música que como en una película, acompaña a mis pensamientos. Pensamientos que se entrelazan los unos con los otros, y que tú eres la cuerda que los ata, que los une, que les hace nudos que se aferran en mi mente pero que por nada del mundo quiero que se deshagan. Duermo. De repente empiezo a soñar contigo, no es un sueño cualquiera, es un sueño caliente, de esos que después te da vergüenza contarlo con detalles. Pero yo lo contaré. El sueño comenzó diciéndote que íbamos a hacer las cosas a mi manera, cariño. Tú solo tienes que cerrar los ojos y dejarte llevar. Acércate, quiero poner mi mano sobre tu corazón para sentir los latidos. Me acerco más a ti y suben las pulsaciones. Mis labios sobre tu cuello. Aumentan. Un leve soplo te estremece. Siguen aumentando. Beso en la comisura de tu boca. Tu corazón va cada vez más rápido. Suave beso en tus labios. Los nervios se van apoderando poco a poco de ti. Ahora te pido que me dejes besarte, no pido un gran beso, solo es el primero. Vale, túmbate. Desabrocho poco a poco tu camisa, esa camisa tan bonita que te he regalado hace unos días. Deslizo mi dedo sobre la parte desnuda de tu cuerpo. Esta vez, también sube la temperatura. Lo estas haciendo muy bien, no te preocupes que ya queda poco. Pasamos al pantalón. Un botón y una cremallera. Fácil. Los zapatos dificultan la operación. El derecho primero que el izquierdo, sé que tú lo haces así. Ya casi estoy viéndote totalmente desnudo, y esa idea me encanta. Tu cara expresa demasiadas emociones, me gusta. Y ya, por último, déjame tumbarme, ahí a tu lado, y decirte muy flojito que a partir de ahora, lo hagas todo a tu manera. Pasan las horas. Placer. Más rápido, más despacio y a su vez, muchos besos en el intermedio.
Me despierto en plena noche, agitada, con todas las sábanas revueltas; miro la hora en el móvil: las seis de la madrugada. Suspiro, menudo sueñecito. Me río, e intento conciliar pronto el sueño, para que mañana cuando me despierte, te lo cuente y acabemos lo de la noche anterior.
Tumbada en mi cama, mirando al techo. De fondo, música que como en una película, acompaña a mis pensamientos. Pensamientos que se entrelazan los unos con los otros, y que tú eres la cuerda que los ata, que los une, que les hace nudos que se aferran en mi mente pero que por nada del mundo quiero que se deshagan. Duermo. De repente empiezo a soñar contigo, no es un sueño cualquiera, es un sueño caliente, de esos que después te da vergüenza contarlo con detalles. Pero yo lo contaré. El sueño comenzó diciéndote que íbamos a hacer las cosas a mi manera, cariño. Tú solo tienes que cerrar los ojos y dejarte llevar. Acércate, quiero poner mi mano sobre tu corazón para sentir los latidos. Me acerco más a ti y suben las pulsaciones. Mis labios sobre tu cuello. Aumentan. Un leve soplo te estremece. Siguen aumentando. Beso en la comisura de tu boca. Tu corazón va cada vez más rápido. Suave beso en tus labios. Los nervios se van apoderando poco a poco de ti. Ahora te pido que me dejes besarte, no pido un gran beso, solo es el primero. Vale, túmbate. Desabrocho poco a poco tu camisa, esa camisa tan bonita que te he regalado hace unos días. Deslizo mi dedo sobre la parte desnuda de tu cuerpo. Esta vez, también sube la temperatura. Lo estas haciendo muy bien, no te preocupes que ya queda poco. Pasamos al pantalón. Un botón y una cremallera. Fácil. Los zapatos dificultan la operación. El derecho primero que el izquierdo, sé que tú lo haces así. Ya casi estoy viéndote totalmente desnudo, y esa idea me encanta. Tu cara expresa demasiadas emociones, me gusta. Y ya, por último, déjame tumbarme, ahí a tu lado, y decirte muy flojito que a partir de ahora, lo hagas todo a tu manera. Pasan las horas. Placer. Más rápido, más despacio y a su vez, muchos besos en el intermedio.
Me despierto en plena noche, agitada, con todas las sábanas revueltas; miro la hora en el móvil: las seis de la madrugada. Suspiro, menudo sueñecito. Me río, e intento conciliar pronto el sueño, para que mañana cuando me despierte, te lo cuente y acabemos lo de la noche anterior.

Veo aquí un verdadero torrente de creatividad literaria. Veo también una presencia constante del amor/desamor, de la presencia y la ausencia. Veo también el valor de compartir estos escritos con quien quiera asomarse a esta ventana que nos abres.
ResponderEliminarGracias, Ashley